Abrí la puerta y estaba allí, sentado en la mesa de billar, esperando mi regreso, deseoso de pedirme perdón por lo ocurrido, de decirme que esas palabras no querían ser pronunciadas, pero no sé si era tarde o no.
Mi corazón acelerado como si de una adolescente se tratase, emocionada por el anhelo de su perdón, el deseo de verlo derrotado ante su propio orgullo, era algo que me daba felicidad pero a la vez era una agonía.
No deseaba su sufrimiento, pero su egoísmo había superado las reglas de este juego, había jugado con fuego, y se había quemado. Ya no era aquella niña adolescente de años pasados, tras mi regreso de París mi carácter había cambiado, el exilio temporal de mi mente por las calles de París, la distancia, todo absolutamente todo había hecho que aquel reencuentro fuese diferente y especial, eramos como dos niños... pero a la vez tan diferentes, él era el galán enamorado, arrepentido de aquella perdida del pasado, yo orgullosa y altiva herida por los golpes del pasado...
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