miércoles, 1 de junio de 2011

Una noche

Cada vez que cierro los ojos, recuerdo aquel día, lejano y cercano, áspero y suave a la vez ¿Cómo dos sensaciones tan opuestas pueden estar sujetas a una misma reacción?
Era algo que no me podía explicar. Sensaciones extrañas correteaban por mi cabeza inquieta. Pensé, por un momento, asimilé las consecuencias de mis actos, y recordé que quien juega con fuego se acaba quemando, mi corazón ya estaba en llamas, el letargo por el arrepentimiento llegaba por momentos.

El recuerdo me perseguía, esa fiesta, aquel fatídico final para mi pobre corazón. Ese día fue uno de los más felices, la noche más perfecta, más hermosa que jamás me pude imaginar, pero a la vez tan lejana. Con melancolía y tristeza lo recuerdo, una pequeña sonrisa se me escapa en mis labios mientras dos lágrimas se deslizan por mi rostro.

Abrí los ojos, me miré ante el espejo. Parecía imposible, era como un viaje al pasado, un guiño del destino tal vez. Me giré para intentar huir de esa fantasía irreal y me encontré en la calle del dolor frente al edén del amor, huyendo de mis problemas como un adicto se encierra en su adicción.
Pero los recuerdos me seguían, pues ese instante era como esa noche, como mi noche.
Imposible de creer, imposible de olvidar, escalofríos recorrían mi espalda. Mis rizos dorados bailaban al son de la melodía, vestida de azul cobalto. Recorrí con la mirada el local, buscando su cara entre la gente. Estaba allí, apoyado en la barra del bar, sonriéndome. Mis piernas temblaron, se me secó la garganta. Por un segundo pensé qué estaba haciendo. No podía volver a caer en su trampa, pero era tan tentador, que me convertí en una esclava de su mirada. Él se acercó a mi, tomó mi mano. Intente poner resistencia, estaba hipnotizada y me deje llevar.

Giré la cabeza hacia atrás y me volví a ver delante de ese espejo viejo. No llevaba ese vestido ni aquellos zapatos  de tacón pero aquel recuerdo seguía en mi mente,. Esa noche se enterró entre mis recuerdos y mil veces en mitad de una noche, me despierto entre escalofríos, desenterrando lo vivido, como si aquel recuerdo quisiera volver a mi vida, pero yo sé que mis labios nunca olvidarán el tacto de su piel, ni el brillo de sus ojos ni su pelo despeinado...Todo él estará en mi memoria, lejano y cercano.

Si algún día te olvido y mi adicción llamara a gritos tu recuerdo, tú me dirás que cierre los ojos por un momento, que olvide aquello y no recuerde más que la imagen de tu ternura, que la guarde en mis pensamientos y no vuelva a mirar nada más que  la luz de tus ojos, los que un día me enamoraron.

Aunque intente escapar, es imposible. Tú escondido en la noche, convertiste tus recuerdos en mis sueños.

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